Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Por la gracia de Dios

Norman Mejía

Museo de Arte Moderno de Barranquilla Barranquilla, Colombia 07/22/2015 – 09/19/2015

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El regreso desde la ultratumba

Norman Mejía (Cartagena 1938 – Barranquilla 2012) es sin duda el eslabón perdido, la semilla original, de aquello a lo que el llamado Grupo de Calí y la literatura de Andrés Caicedo le venían dando forma y que después bautizarían como “Gótico Tropical”, estética que Norman Mejía había materializado con su castillo que mezclaba el imaginario europeo con lo salvaje del trópico en un acantilado en las Playas de Salgar en el Municipio de Puerto Colombia en la década de los sesentas.

Hace más de veinte años de su exposición individual en el MAMC (Museo de Arte Moderno de Cartagena) en 1994, en la cual Luis Ernesto Arocha se inspiró para realizar en medio de una orgía de zooms una película sobre su obra: Todo es Nada. Y después de diez años de su última exposición en la Galería Garcés Velasquez en Bogotá, Norman Mejía (q.e.p.d) regresa desde la cripta al MAMB (Museo de Arte Moderno de Barranquilla) con la exposición Por la gracia de Dios curada por Tina Celis – su esposa – y Luis Ernesto Arocha. Muestra que sin pretenderlo puede ser vista como una retrospectiva del artista, la cual reúne más de treinta obras en diferentes formatos, muchas de éstas totalmente desconocidas, que abarcan sus periodos de mayor  intensidad, de lo que fue su larga trayectoria como pintor.

La obra de Norman es sin duda de fuerte carácter espiritual y transita entre distintas dimensiones, en la que seres provenientes de otros mundos desconocidos y que habitan en universos paralelos, a los que muy difícilmente  podemos acceder – en cierta medida debido a nuestra condición de criaturas “atrapadas” en tres dimensiones -, se presentan ante nosotros como apariciones espectrales.

Norman Mejía fue un artista al que sus preocupaciones artísticas lo llevaron a explorar otros ámbitos muy poco frecuentados en la historia de la pintura en Colombia. A pesar de ser un artista con una clara influencia en su obra de artistas pertenecientes a la transvanguardia italiana, su trabajo nunca estableció un diálogo en términos de universalidad del arte. Su producción se enfocó de manera directa en lo místico, lo astral y lo desconocido, condición que puede en cierta medida ubicarlo o entenderlo desde la cuarta dimensión. Si observamos estas pinturas con total detenimiento se aprecia la separación y transformación de la materia a otros planos, en el caso preciso de estos seres que muchas veces trascienden a múltiples realidades o se convierten en una sombra de su propia evolución.

Por la gracia de Dios es una exposición que refuerza el mito del personaje que fue y que seguirá siendo Norman Mejía, más allá de su faceta como pintor, aquel personaje que vivió en un castillo frente al mar caribe, aquel artista prácticamente inaccesible y que fue relacionado con toda clase de historias creadas por el imaginario de personas que vieron en éstas una forma de acercarse a él. A su vez, desempolva un antiguo capítulo en las artes del Caribe colombiano que si bien había permanecido sellado desde hace más de diez años, por su voluntad y decisión de ausentarse del circuito artístico hasta el día de su muerte, es reabierto gracias a esta exposición. En últimas nos deja ver a un artista que a través de su trabajo tomó un rumbo alejado de ese concepto o imaginario errático de deseo, placer, relax, que se ha tenido y que aún se mantiene sobre la producción artística realizada desde las geografías tropicales.


Fragmento de entrevista a Maria Isabel Rueda

Mario Llanos: ¿Cómo conociste a Norman Mejía y que interés generó en ti, puesto que mantuvieron una relación de amistad por mucho tiempo?

Maria Isabel Rueda: Conocí a Norman Mejía a través de mi amigo Francisco Gonzales, quien por pura intuición me llevó a su encuentro. Lo que empezó con una extraña visita, se transformó en una alucinante conversación de casi seis horas que transformó el curso de mi vida.

Para esa época vivía yo en Bogotá, así que Norman y yo continuamos comunicándonos por teléfono y viéndonos cada vez que venía yo de vacaciones a Salgar y pasaba por Barranquilla para visitarlo. Norman siempre me recibía vestido de negro, con su pareo de colores y sus dos ventiladores, sentado en su trono, como el hierofante de las cartas del tarot, con sus pinturas que salpicaban de fondo. Nos alumbraba una luz roja. Algunas veces nos poníamos a oír música que él mismo componía y que tenía grabada en cassettes que escuchábamos a todo volumen en medio de uno que otro exceso.

En esas “visitas” Norman me abrió su mundo que describía con detalles holográficos, con el apoyo de Tina, su adorada esposa, que completaba las imágenes faltantes. Bogotá dejó de interesarme y encontré al igual que Norman en Puerto Colombia una forma de vida acorde a mis sueños y fantasías. Dejé lo que era hasta entonces mi vida atrás y empecé a construir el mundo en el que ahora quería vivir. Al poco tiempo Norman murió repentinamente. Él sembró muy dentro de mí la semilla de mi actual forma de vida.

ML: Si bien a partir de esa amistad surgieron varias colaboraciones de Norman en tus proyectos editoriales: Tropical Goth, cuéntanos un poco acerca de esta colaboración.

MIR: Norman conocía mis intereses de esa época en el gótico tropical, el retrato y los vampiros, y en medio de una de nuestras charlas me mostró unos retratos suyos en las catatumbas en París. Quedé completamente seducida con esas imágenes. Se veía a Norman joven, flaco e irreverente, posando con gafas oscuras en medio de una pared de calaveras. Al poco tiempo comencé un proyecto editorial: Tropical Goth Magazine, donde incluía trabajos de artistas colombianos y mexicanos que trabajaban desde diversos puntos de vista la estética gótica. Quería incluir el retrato de Norman, para crear un precedente y empezar a hablar de un referente importante del gótico, propuesto desde el Caribe colombiano. Me costó un año de charlas y conversaciones convencer a Norman de publicar su imagen en la revista.

ML: Y por último, háblanos un poco acerca de tu obra The Real: Retrato de Norman Mejía que has tenido la oportunidad de exponer en Toda forma de vida es válida en Flora ars+natura (Bogotá) y en la primera versión de la Bienal de Arte Contemporáneo de Cartagena (Colombia) con la cual has sido invitada a participar en la próxima Bienal de Sydney.

MIR: The Real – que es el título de una canción compuesta por Norman Mejía – fue una serie de fotografías que yo realicé del castillo, que era el hogar de Norman cuando vivía en Puerto Colombia. Por injusticias del destino, Norman tuvo que abandonar su morada para siempre y fue así como ésta quedó a merced del paso del tiempo y de la fuerza de la naturaleza. El castillo, cuyas paredes estaban dibujadas y pintadas por Norman como las cuevas de Altamira, con las improntas de sus más profundos deseos, con sus juegos de palabras, con sus mujeres desnudas, con sus demonios y toda su simbología, que poco a poco fue desapareciendo ante el inclemente paso del tiempo.

Norman me contaba historias fascinantes de cuando vivía en el castillo, imaginaba yo las luciérnagas que alumbraban sus noches y el ruido del mar que golpeaba el acantilado. Me imaginaba yo un hombre salvaje viviendo en otro mundo dentro de este mismo mundo. Comprendí su lado espiritual, su conexión con ésta y otras dimensiones. Recordé a Reverón y a Gauguin, a quienes siempre he admirado, y entendí sus deseos de abandonar su sociedad. La misma sociedad que expulsó a Norman de su propio paraíso. Así que por casi diez años, estuve acompañando al castillo, registrándolo en fotografías mientras iba siendo devorado por la fuerza de la naturaleza.

Luego de haber terminado Tropical Goth Magazine, empecé a trabajar en mi tesis de maestría y parte de la investigación tomó forma en la segunda edición de lo que se llamó Tropical God Magazine, que hablaba de los diferentes dioses, ídolos, caminos espirituales y creencias de un grupo de artistas en su mayoría colombianos. Fue allí donde publiqué por primera vez las fotografías del Castillo de Norman. Una vez impreso se lo llevé de regalo. Lo apreció con la nostalgia de quien actualiza ante sus ojos imágenes de un pasado glorioso. Le gustó mucho verlo en ruinas.

Una semana antes de su muerte, hablé con Norman por teléfono. Me urgía verlo y contarle mi nueva vida en Puerto Colombia. Norman tenía ese día una cita, así que postergamos nuestro último encuentro. En forma de despedida entre muchas otras cosas, recordó las imágenes del castillo y me agradeció por haberle hecho el más real de sus retratos.

http://www.mambq.org/

Texto y entrevista de Mario Llanos, julio 2015
Fotografía: Tropical Goth Magazine, Maria Isabel Rueda & Emilio Yidi.
Cortesía de Mario Llanos

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El regreso desde la ultratumba

Norman Mejía (Cartagena 1938 – Barranquilla 2012) es sin duda el eslabón perdido, la semilla original, de aquello a lo que el llamado Grupo de Calí y la literatura de Andrés Caicedo le venían dando forma y que después bautizarían como “Gótico Tropical”, estética que Norman Mejía había materializado con su castillo que mezclaba el imaginario europeo con lo salvaje del trópico en un acantilado en las Playas de Salgar en el Municipio de Puerto Colombia en la década de los sesentas.

Hace más de veinte años de su exposición individual en el MAMC (Museo de Arte Moderno de Cartagena) en 1994, en la cual Luis Ernesto Arocha se inspiró para realizar en medio de una orgía de zooms una película sobre su obra: Todo es Nada. Y después de diez años de su última exposición en la Galería Garcés Velasquez en Bogotá, Norman Mejía (q.e.p.d) regresa desde la cripta al MAMB (Museo de Arte Moderno de Barranquilla) con la exposición Por la gracia de Dios curada por Tina Celis – su esposa – y Luis Ernesto Arocha. Muestra que sin pretenderlo puede ser vista como una retrospectiva del artista, la cual reúne más de treinta obras en diferentes formatos, muchas de éstas totalmente desconocidas, que abarcan sus periodos de mayor  intensidad, de lo que fue su larga trayectoria como pintor.

La obra de Norman es sin duda de fuerte carácter espiritual y transita entre distintas dimensiones, en la que seres provenientes de otros mundos desconocidos y que habitan en universos paralelos, a los que muy difícilmente  podemos acceder – en cierta medida debido a nuestra condición de criaturas “atrapadas” en tres dimensiones -, se presentan ante nosotros como apariciones espectrales.

Norman Mejía fue un artista al que sus preocupaciones artísticas lo llevaron a explorar otros ámbitos muy poco frecuentados en la historia de la pintura en Colombia. A pesar de ser un artista con una clara influencia en su obra de artistas pertenecientes a la transvanguardia italiana, su trabajo nunca estableció un diálogo en términos de universalidad del arte. Su producción se enfocó de manera directa en lo místico, lo astral y lo desconocido, condición que puede en cierta medida ubicarlo o entenderlo desde la cuarta dimensión. Si observamos estas pinturas con total detenimiento se aprecia la separación y transformación de la materia a otros planos, en el caso preciso de estos seres que muchas veces trascienden a múltiples realidades o se convierten en una sombra de su propia evolución.

Por la gracia de Dios es una exposición que refuerza el mito del personaje que fue y que seguirá siendo Norman Mejía, más allá de su faceta como pintor, aquel personaje que vivió en un castillo frente al mar caribe, aquel artista prácticamente inaccesible y que fue relacionado con toda clase de historias creadas por el imaginario de personas que vieron en éstas una forma de acercarse a él. A su vez, desempolva un antiguo capítulo en las artes del Caribe colombiano que si bien había permanecido sellado desde hace más de diez años, por su voluntad y decisión de ausentarse del circuito artístico hasta el día de su muerte, es reabierto gracias a esta exposición. En últimas nos deja ver a un artista que a través de su trabajo tomó un rumbo alejado de ese concepto o imaginario errático de deseo, placer, relax, que se ha tenido y que aún se mantiene sobre la producción artística realizada desde las geografías tropicales.


Fragmento de entrevista a Maria Isabel Rueda

Mario Llanos: ¿Cómo conociste a Norman Mejía y que interés generó en ti, puesto que mantuvieron una relación de amistad por mucho tiempo?

Maria Isabel Rueda: Conocí a Norman Mejía a través de mi amigo Francisco Gonzales, quien por pura intuición me llevó a su encuentro. Lo que empezó con una extraña visita, se transformó en una alucinante conversación de casi seis horas que transformó el curso de mi vida.

Para esa época vivía yo en Bogotá, así que Norman y yo continuamos comunicándonos por teléfono y viéndonos cada vez que venía yo de vacaciones a Salgar y pasaba por Barranquilla para visitarlo. Norman siempre me recibía vestido de negro, con su pareo de colores y sus dos ventiladores, sentado en su trono, como el hierofante de las cartas del tarot, con sus pinturas que salpicaban de fondo. Nos alumbraba una luz roja. Algunas veces nos poníamos a oír música que él mismo componía y que tenía grabada en cassettes que escuchábamos a todo volumen en medio de uno que otro exceso.

En esas “visitas” Norman me abrió su mundo que describía con detalles holográficos, con el apoyo de Tina, su adorada esposa, que completaba las imágenes faltantes. Bogotá dejó de interesarme y encontré al igual que Norman en Puerto Colombia una forma de vida acorde a mis sueños y fantasías. Dejé lo que era hasta entonces mi vida atrás y empecé a construir el mundo en el que ahora quería vivir. Al poco tiempo Norman murió repentinamente. Él sembró muy dentro de mí la semilla de mi actual forma de vida.

ML: Si bien a partir de esa amistad surgieron varias colaboraciones de Norman en tus proyectos editoriales: Tropical Goth, cuéntanos un poco acerca de esta colaboración.

MIR: Norman conocía mis intereses de esa época en el gótico tropical, el retrato y los vampiros, y en medio de una de nuestras charlas me mostró unos retratos suyos en las catatumbas en París. Quedé completamente seducida con esas imágenes. Se veía a Norman joven, flaco e irreverente, posando con gafas oscuras en medio de una pared de calaveras. Al poco tiempo comencé un proyecto editorial: Tropical Goth Magazine, donde incluía trabajos de artistas colombianos y mexicanos que trabajaban desde diversos puntos de vista la estética gótica. Quería incluir el retrato de Norman, para crear un precedente y empezar a hablar de un referente importante del gótico, propuesto desde el Caribe colombiano. Me costó un año de charlas y conversaciones convencer a Norman de publicar su imagen en la revista.

ML: Y por último, háblanos un poco acerca de tu obra The Real: Retrato de Norman Mejía que has tenido la oportunidad de exponer en Toda forma de vida es válida en Flora ars+natura (Bogotá) y en la primera versión de la Bienal de Arte Contemporáneo de Cartagena (Colombia) con la cual has sido invitada a participar en la próxima Bienal de Sydney.

MIR: The Real – que es el título de una canción compuesta por Norman Mejía – fue una serie de fotografías que yo realicé del castillo, que era el hogar de Norman cuando vivía en Puerto Colombia. Por injusticias del destino, Norman tuvo que abandonar su morada para siempre y fue así como ésta quedó a merced del paso del tiempo y de la fuerza de la naturaleza. El castillo, cuyas paredes estaban dibujadas y pintadas por Norman como las cuevas de Altamira, con las improntas de sus más profundos deseos, con sus juegos de palabras, con sus mujeres desnudas, con sus demonios y toda su simbología, que poco a poco fue desapareciendo ante el inclemente paso del tiempo.

Norman me contaba historias fascinantes de cuando vivía en el castillo, imaginaba yo las luciérnagas que alumbraban sus noches y el ruido del mar que golpeaba el acantilado. Me imaginaba yo un hombre salvaje viviendo en otro mundo dentro de este mismo mundo. Comprendí su lado espiritual, su conexión con ésta y otras dimensiones. Recordé a Reverón y a Gauguin, a quienes siempre he admirado, y entendí sus deseos de abandonar su sociedad. La misma sociedad que expulsó a Norman de su propio paraíso. Así que por casi diez años, estuve acompañando al castillo, registrándolo en fotografías mientras iba siendo devorado por la fuerza de la naturaleza.

Luego de haber terminado Tropical Goth Magazine, empecé a trabajar en mi tesis de maestría y parte de la investigación tomó forma en la segunda edición de lo que se llamó Tropical God Magazine, que hablaba de los diferentes dioses, ídolos, caminos espirituales y creencias de un grupo de artistas en su mayoría colombianos. Fue allí donde publiqué por primera vez las fotografías del Castillo de Norman. Una vez impreso se lo llevé de regalo. Lo apreció con la nostalgia de quien actualiza ante sus ojos imágenes de un pasado glorioso. Le gustó mucho verlo en ruinas.

Una semana antes de su muerte, hablé con Norman por teléfono. Me urgía verlo y contarle mi nueva vida en Puerto Colombia. Norman tenía ese día una cita, así que postergamos nuestro último encuentro. En forma de despedida entre muchas otras cosas, recordó las imágenes del castillo y me agradeció por haberle hecho el más real de sus retratos.

http://www.mambq.org/

Texto y entrevista de Mario Llanos, julio 2015
Fotografía: Tropical Goth Magazine, Maria Isabel Rueda & Emilio Yidi.
Cortesía de Mario Llanos

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