Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Paraíso encontrado

Edgar Cortés

Valenzuela Klenner Bogota, Colombia 02/06/2014 – 03/08/2014

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Esta propuesta se inclina por ensamblajes que recrean un paisaje urbano popular cuyas arquitecturas emergen a partir de sus propios deshechos, recogidos de localidades como Kennedy o Ciudad Bolívar. La capital precaria que se presenta aquí privilegiadamente es la periferia que desde hace muchas décadas atrás ha conformado los cinturones de miseria que extendieron Bogotá, de forma similar al modo en que se ha definido la expansión de las grandes ciudades latinoamericanas durante el proceso de abandono (o más bien, expulsión) de las zonas rurales. Así, víctimas de la pobreza, la violencia y el desplazamiento forzado logran hacinarse junto a los grupos expulsados también por las propias dinámicas urbanas, ocupando muchas veces zonas de riesgo que quedaban libres en lo que entonces eran sus contornos.
Acaso por eso es significativo que uno de los elementos recurrentes que el artista recoge entre los despojos sean marcos: recuadros que, normalmente, destacan y definen un límite entre las imágenes susceptibles de representación y aquellas, consideradas acaso irrepresentables, que tienden a desbordarlas en sus márgenes: ordenamientos territoriales de inclusión y exclusión. Sin embargo, lo que se enfatiza aquí, desde el título, no es tanto el lugar dejado o perdido como ese otro nuevo mundo erigido a menudo con los restos que quedó del anterior, así como de aquello que otros, en algún momento, consideraron inservible. Lo encontrado alude a una dinámica económico-social que es también entusiastamente estética (atención al “rosado Soacha” que se destaca en algunas piezas): una ecología que se reproduce en la racionalidad o irracionalidad de todos los asentamientos humanos y que procura el sustento dándole utilidad a los residuos de una insostenible lógica dominante de consumo. La imaginación es sin duda un recurso escaso muchas veces necesario que sociedades enteras requieren para reconstruirse a sí mismas.
Existe además un sesgo que alude a un entorno rural que quedó atrás, grabado a veces como campos sobrevolados desde el aire o como un reflejo gráfico o una huella sobre enseres metálicos que formaron parte de un entorno doméstico e interior (que aluden también a expresiones como: estar “en la olleta” o “estar paila”), así también en las sombras o rastros de polvo trasladados gráficamente a la sala: aquellos que quedan en los muros, dejados por cuadros colgados que han sido removidos en el desplazamiento intempestivo de ese lugar habitado antes de la reubicación.

http://www.vkgaleria.com

Foto: Emilio Tarazona
Cortesía de Valenzuela Klenner

 

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Esta propuesta se inclina por ensamblajes que recrean un paisaje urbano popular cuyas arquitecturas emergen a partir de sus propios deshechos, recogidos de localidades como Kennedy o Ciudad Bolívar. La capital precaria que se presenta aquí privilegiadamente es la periferia que desde hace muchas décadas atrás ha conformado los cinturones de miseria que extendieron Bogotá, de forma similar al modo en que se ha definido la expansión de las grandes ciudades latinoamericanas durante el proceso de abandono (o más bien, expulsión) de las zonas rurales. Así, víctimas de la pobreza, la violencia y el desplazamiento forzado logran hacinarse junto a los grupos expulsados también por las propias dinámicas urbanas, ocupando muchas veces zonas de riesgo que quedaban libres en lo que entonces eran sus contornos.
Acaso por eso es significativo que uno de los elementos recurrentes que el artista recoge entre los despojos sean marcos: recuadros que, normalmente, destacan y definen un límite entre las imágenes susceptibles de representación y aquellas, consideradas acaso irrepresentables, que tienden a desbordarlas en sus márgenes: ordenamientos territoriales de inclusión y exclusión. Sin embargo, lo que se enfatiza aquí, desde el título, no es tanto el lugar dejado o perdido como ese otro nuevo mundo erigido a menudo con los restos que quedó del anterior, así como de aquello que otros, en algún momento, consideraron inservible. Lo encontrado alude a una dinámica económico-social que es también entusiastamente estética (atención al “rosado Soacha” que se destaca en algunas piezas): una ecología que se reproduce en la racionalidad o irracionalidad de todos los asentamientos humanos y que procura el sustento dándole utilidad a los residuos de una insostenible lógica dominante de consumo. La imaginación es sin duda un recurso escaso muchas veces necesario que sociedades enteras requieren para reconstruirse a sí mismas.
Existe además un sesgo que alude a un entorno rural que quedó atrás, grabado a veces como campos sobrevolados desde el aire o como un reflejo gráfico o una huella sobre enseres metálicos que formaron parte de un entorno doméstico e interior (que aluden también a expresiones como: estar “en la olleta” o “estar paila”), así también en las sombras o rastros de polvo trasladados gráficamente a la sala: aquellos que quedan en los muros, dejados por cuadros colgados que han sido removidos en el desplazamiento intempestivo de ese lugar habitado antes de la reubicación.

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Foto: Emilio Tarazona
Cortesía de Valenzuela Klenner

 

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