Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

MARGINALIA #7

Dorothée Dupuis

08/01/2015 – 08/31/2015

In the frameworks of Terremoto’s 3rd issue, Watching worlds collapse, I wanted to address the problem of budgetary cuts in contemporary art and culture in general. It’s a global problem affecting not only economies in crisis, but also countries that have been labelled so far as benefiting from a growth climate, such as Mexico for example, as the crisis has now reached a global level, leaving no countries untouched. Cuts in cultural budgets appear as one of the first targets for governments when they need to reduce state support, despite the fact that these cuts often are symbolic compared to other sectors. It is a signal that is sent that designates art and culture as futilities, as ornaments, the first thing you get rid of in times of necessity.

The success of culture oriented policies in times of crisis (from the New Deal set by Roosevelt’s administration to the Emplois Jeunes in France), as well as many studies from sociologists and economists all around the world affirming culture as a powerful stimulator of economies at large, haven’t altered the conservative opinion of neoliberal governments that artists constitute an elitist, reality blinded, out of the world kind of class. Furthermore, marked as a class that is living at the expenses of the “real people with real jobs”. Cultural cuts therefore seem lately to act as signals sent to the masses, a sort of desperate and openly populist demonstration of power.

Artists are encouraged to be responsible for their own funding, or to rely on the art market – supposedly the sign of a successful practice. Museums and biennials have now systematized the practice of asking galleries to support part or all of the production of the artists they invite, and smaller scale structures are invited to find funding elsewhere, “in the private sector” as they say. This corrupts their initial missions and transforms entire teams of cultural workers and curators in clumsy, worried fundraisers when their time should be dedicated to the artists they work with.

We need to recognize that in the act of cutting cultural budgets – a shock strategy designed to amplify the polarization of society about culture – cultural producers are classified into categories of wasteful profiteers on one side or virtuous temple keepers on the other side. The obvious agenda of this strategy is of course an attempt to identify a “good” type of culture and a “bad” one, also publicly defining contemporary art and popular culture as irreconcilable enemies.

It’s a sad fact: flexibility and its corollary, precariousness, have become norms in the art world, and in the world in general. But rather than waste our energy in panic and indignation each time a new cut in culture is announced – and although our mobilization and vigilance needs to remain acute –, maybe shall we try to stay calm and keep working and thinking through our own slower terms, and not allow this climate of false urgency to affect our sense of community, solidarity and artistic integrity.

Dorothée Dupuis (b.1980, Paris) is a curator, author and publisher based between in Mexico City where she funded the magazine Terremoto.mx in 2013. Trained at the Centre Pompidou, Co-founder of Le Commissariat in 2006 in Paris, she was the Director of Triangle France in Marseille from 2007 until 2012. A dedicated feminist, she is Co-director of Petunia magazine. Her curatorial and writing practice seeks to question, expose, and challenge existing power structures within the visual arts. Recent projects include: Cronotopo by Mariana Castillo Deball at the MRAC Sérignan (2015); Dewar & Gicquel (Prix Marcel Duchamp 2012) at the Centre Pompidou (2013); Pro-choice at Kunsthalle Freiburg, Switzerland, curated with Petunia (2013); Matthieu Laurette at Parallel, Oaxaca; Renaud Jerez at Lodos, Mexico City (2014). In 2014, she was curator-in-residence at Fahrenheit by Flax in Los Angeles and at Capacete in Rio de Janeiro. Her writings have appeared in numerous exhibition catalogues as well as art publications such as Spike, Metropolis M, Mousse, Kaleidoscope, ArtReview, Flash Art, Crash and Sleek, among others.

Para el Marginalia de agosto en la tercera edición de Terremoto, Viendo mundos colapsar, quise abordar el problema de los recortes de presupuesto en el arte contemporáneo y la cultura en general. Es un problema global que afecta no solo a las economías en crisis, sino también a los países que han sido considerados como beneficiarios de un clima de crecimiento, como por ejemplo México. Sin embargo, la crisis ha alcanzado un nivel global y no ha dejado a ningún país intacto. De esta manera, los recortes en los presupuestos culturales siempre aparecen como una de las primeras respuestas de los gobiernos cuando tienen que reducir la acción del Estado, a pesar de que estos recortes a menudo son simbólicos en comparación con otros sectores. Es una señal que se envía, que designa el arte y la cultura como futilidades, como adornos, lo primero de qué deshacerse en tiempos de necesidad.

El éxito de las políticas orientadas a la cultura en tiempos de crisis (desde el New Deal de Roosevelt hasta dispositivos como los “Emplois Jeunes” en Francia), así como muchos estudios de sociólogos y economistas de renombre en todo el mundo que afirman que la cultura es un agente estimulante de las economías en general, no han alterado la opinión conservadora de los gobiernos neoliberales según la cual los artistas y su público constituyen una élite ciega a realidades económicas, una clase aparte que vive –supuestamente– a costa de las personas con trabajos “de verdad”. Por lo tanto, los recortes culturales últimamente parecen actuar como señales enviadas a las masas, una especie de manifestación de poder desesperada con tendencia populista.

Los artistas son estimulados a ser responsables de su propio financiamiento, o a confiar en el mercado del arte –lo que viene a considerarse como signo de una práctica exitosa. Museos y bienales han sistematizado la práctica de pedir a galerías apoyo parcial o total de la producción de los artistas que invitan, y por su lado, las estructuras de menor escala, son incitadas a encontrar financiamiento en otros lugares, “en el sector privado”, como dicen; esto corrompe sus misiones iniciales, y transforma equipos enteros de trabajadores culturales y curadores en cazadores de fondos torpes y preocupados, cuando su prioridad debería ser dedicar su tiempo a los artistas con los que trabajan.

Debemos reconocer en los recortes de presupuestos culturales una “estrategia de choque” diseñada para amplificar la polarización de la sociedad respecto a la cultura, un intento por identificar una “buena” y una “mala” cultura, clasificando a los productores culturales en dos categorías: usureros despilfarradores de un lado y custodios virtuosos de la cultura en el otro lado –oponiendo arte contemporáneo y cultura popular como enemigos supuestamente irreconciliables.

Es una triste realidad: la flexibilidad y su corolario, la precariedad, se han convertido en normas en el mundo del arte, y en el mundo en general. Pero en lugar de malgastar nuestra energía en pánico e indignación cada vez que un nuevo corte en la cultura se anuncia –y aunque debemos permanecer alertas y listos a movilizarnos–, podemos tal vez tratar de mantener la calma y seguir trabajando y pensando en unos términos temporales más propios, sin dejar que este clima de falsa urgencia afecte nuestro sentido de comunidad, solidaridad y integridad artística.

Dorothée Dupuis (1980, Paris) es curadora, autora y editora francesa residiendo en la Ciudad de México, donde fundó la revista Terremoto.mx en 2013. Formada en el Centre Pompidou y co-fundadora de Le Commissariat en Paris en 2006, fue así mismo directora de Triangle France en Marsella, del 2007 al 2012. Feminista dedicada, es co-directora de la revista Petunia. Su práctica curatorial y sus escritos buscan exponer, cuestionar y desafiar estructuras de poder en el campo del arte. Algunos de sus proyectos recientes son: Cronotopo de Mariana Castillo Deball en el MRAC Sérignan (2015), Dewar & Gicquel (Prix Marcel Duchamp 2012) en el Centre Pompidou (2013) ; Pro-choice en Kunsthalle Freiburg, Suiza, curada con Petunia (2013) ; Matthieu Laurette en Parallel, Oaxaca; Renaud Jerez en Lodos, Mexico DF (2014). En 2014 fue curadora en residencia en Fahrenheit by Flax en Los Angeles y en Capacete en Rio de Janeiro. Sus textos han sido publicados en varios catálogos de exposiciones así como en Spike, Metropolis M, Mousse, Kaleidoscope, ArtReview, Flash Art, Crash y Sleek, entre otros.

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