Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Manifiesto

Terence Gower

Museo Experimental El Eco Ciudad de México, México 10/30/2015 – 01/10/2016

RVP_8373

RVP_8532

RVP_8553

En su Manifiesto de la arquitectura emocional y en su forma construida, El Eco, Mathias Goeritz añadió la emoción a su lista de las características esenciales de la arquitectura. Terence Gower respondió a Goeritz con música góspel, una forma que pone la emoción al servicio de la elevación espiritual.

Un manifiesto es un dispositivo retórico diseñado cuidadosamente para —tanto por su estructura como por las palabras que se seleccionan— encender las pasiones de quienes lo escuchan. Para las vanguardias culturales de principios del siglo XX, un manifiesto era el requisito y el mensaje último para lanzar un nuevo movimiento artístico. Así como se escribía un manifiesto político para lanzar una nueva campaña, la escritura de un manifiesto artístico delineaba el plan de acción y los ideales de un movimiento. La prosa del manifiesto es declarativa, tienen un carácter proselitista, no distinta a la contundencia del sermón religioso. Despliega las ideas y las creencias de un movimiento, pero funciona también como la maquinaria emocional del movimiento.

El Manifiesto de la arquitectura emocional de Mathias Goeritz, de 1953, es fiel a la forma. Ataca el status quo contemporáneo —el funcionalismo de principios de la década de 1950— e insiste en que la arquitectura tome una nueva dirección: un regreso a la emoción y a la espiritualidad que reconoció en la pirámide, en la catedral gótica y en el palacio barroco. El texto de Goeritz está lleno de referencias a lo espiritual y al potencial emocional del espacio arquitectónico.

Como parte de un ejercicio para integrar música con el manifiesto arquitectónico de Mathias Goeritz, Gower invitó al compositor Will Orzo a desarrollar una melodía góspel básica para una selección de frases clave del texto de Goeritz. La intérprete de Manifiesto, Rachel Sharples, es una joven artista del góspel que desde muy joven ha cantado en su iglesia, Victory Assembly of God en Queens, Nueva York.

A partir de improvisaciones de frases y palabras significativas del texto Terence Gower logró un arreglo de sonido con espíritu aleatorio, a partir de la experimentación gradual con la correspondencia de un género (un manifiesto cultural) con otro (música religiosa).

El texto que canta Rachel Sharples en Manifiesto contiene un lenguaje que no estaría fuera de lugar en una canción interpretada en un encuentro religioso: “[…] el hombre —creador o receptor— de nuestro tiempo aspira a algo más que a una casa bonita, agradable y adecuada. Pide —o tendrá que pedir un día— de la arquitectura y de sus medios y materiales modernos, una elevación espiritual […]”.

http://eleco.unam.mx/

Fotografía: Rodrigo Valero
Cortesía de Museo Experimental El Eco, Ciudad de México

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En su Manifiesto de la arquitectura emocional y en su forma construida, El Eco, Mathias Goeritz añadió la emoción a su lista de las características esenciales de la arquitectura. Terence Gower respondió a Goeritz con música góspel, una forma que pone la emoción al servicio de la elevación espiritual.

Un manifiesto es un dispositivo retórico diseñado cuidadosamente para —tanto por su estructura como por las palabras que se seleccionan— encender las pasiones de quienes lo escuchan. Para las vanguardias culturales de principios del siglo XX, un manifiesto era el requisito y el mensaje último para lanzar un nuevo movimiento artístico. Así como se escribía un manifiesto político para lanzar una nueva campaña, la escritura de un manifiesto artístico delineaba el plan de acción y los ideales de un movimiento. La prosa del manifiesto es declarativa, tienen un carácter proselitista, no distinta a la contundencia del sermón religioso. Despliega las ideas y las creencias de un movimiento, pero funciona también como la maquinaria emocional del movimiento.

El Manifiesto de la arquitectura emocional de Mathias Goeritz, de 1953, es fiel a la forma. Ataca el status quo contemporáneo —el funcionalismo de principios de la década de 1950— e insiste en que la arquitectura tome una nueva dirección: un regreso a la emoción y a la espiritualidad que reconoció en la pirámide, en la catedral gótica y en el palacio barroco. El texto de Goeritz está lleno de referencias a lo espiritual y al potencial emocional del espacio arquitectónico.

Como parte de un ejercicio para integrar música con el manifiesto arquitectónico de Mathias Goeritz, Gower invitó al compositor Will Orzo a desarrollar una melodía góspel básica para una selección de frases clave del texto de Goeritz. La intérprete de Manifiesto, Rachel Sharples, es una joven artista del góspel que desde muy joven ha cantado en su iglesia, Victory Assembly of God en Queens, Nueva York.

A partir de improvisaciones de frases y palabras significativas del texto Terence Gower logró un arreglo de sonido con espíritu aleatorio, a partir de la experimentación gradual con la correspondencia de un género (un manifiesto cultural) con otro (música religiosa).

El texto que canta Rachel Sharples en Manifiesto contiene un lenguaje que no estaría fuera de lugar en una canción interpretada en un encuentro religioso: “[…] el hombre —creador o receptor— de nuestro tiempo aspira a algo más que a una casa bonita, agradable y adecuada. Pide —o tendrá que pedir un día— de la arquitectura y de sus medios y materiales modernos, una elevación espiritual […]”.

http://eleco.unam.mx/

Fotografía: Rodrigo Valero
Cortesía de Museo Experimental El Eco, Ciudad de México

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