Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Maldito duende

Dani Umpi

HACHE Buenos Aires, Argentina 08/08/2017 – 09/16/2017

Dani Umpi, Maldito Duende. Curaduría: Gachi Hasper. Diseño de montaje: Osías Yanov. Imagen cortesía de Hache Galería, Buenos Aires, Argentina, 2017. Fotografía: Ignacio Iasparra.

Dani Umpi, Maldito Duende. Curaduría: Gachi Hasper. Diseño de montaje: Osías Yanov. Imagen cortesía de Hache Galería, Buenos Aires, Argentina, 2017. Fotografía: Ignacio Iasparra.

Dani Umpi, Maldito Duende. Curaduría: Gachi Hasper. Diseño de montaje: Osías Yanov. Imagen cortesía de Hache Galería, Buenos Aires, Argentina, 2017. Fotografía: Ignacio Iasparra.

Does Dani Umpi need a text?

Dani Umpi explained to me that this show is called Maldito Duende [Damned Elf] “after a song by the Héroes del Silencio [1] that I liked a lot when I was a kid. In the 2000s, Raphael did a sublime cover of it (the producer was Carlos Jean). At the end there is this really druggy phrase that goes ‘you feel so strong you don’t think anyone can lay a finger on you.’ That is the essence of the elf: being invincible, devastating, beholden to no one.”

Umpi is a surrealist cannibal: dismemberment, rewriting, extreme freedom. He crosses all the limits—from performance to song, from visual collage to novel—without compromising autonomies. He deals in texts in different supports. But the lyrics to the song Maldito Duende are nowhere to be found in the works in this show—and the absent reference is enticing.

Should one go slowly, observing and reading each of his collages or, rather, take his work in as a whole with a sweeping overview? I think of the lonely—scholastic, feminine—work of leafing through magazines, of cutting them to bits, removing the letters and the solids beneath them; clipping the photo portraits of the columnists, and dozens of other faces. I am interested in the moment that follows, when he navigates that endless, dismembered graphic material, and finds different pieces to be regrouped, joined, arranged, sewn, glued, without cutting the fringe… I remember Enrique Ahriman and the endless patience of putting together the puzzle of a great painting, and—in a way—the idea that any visual form is like a text that can be manipulated, projected, shared.

Work based on middle-class shopping magazines, television, and the Internet in all likelihood partakes of Pop Art, as does confronting consumer culture and high culture and the use of the repeated sign as resource. The choice of a camp aesthetic also means the choice of LGTB queer folklore: idols, meeting grounds, expressions, passions.

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Caras [Faces]: Hundred of ID-like photos layered so that one photo covers the mouth of the person in the next; just the little eyes staring out at us upside down.

Duendelatría 1, 2 y 3 [Elfolatry 1, 2, and 3]: Little circles, shields, price tags, banners, stars, glittery shapes, logos, labels, brands. A whimsical heap of forms and colors that attests to obsessiveness.

Grinder Agosto [Grinder August]; Grinder Julio [Grinder July]: Texts from screen shots of the app where fags hook up.

Manuela Trasobares: a speech given by the Spanish anarchist transsexual opera singer on Catalan television in the nineties. The literary-visual collage requires that the viewer formulate a complex reading.

The texts in Domingo Lockura [Sunday Lockura], Bbebottes, Nos Atacan [We Are under Attack], and La Reina de la NBA [The Queen of the NBA] are produced two ways: a collage of letters or letters written with marker. In both cases, the phrases—unlike the media or political texts in his work—are fairly disjointed and hard to read. He writes random texts on a paper in Coca-Cola red or, in a reverse operation, uses letters cut out from that red paper and then rewritten with marker.

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Over ten years ago, in the Viejo Hotel in the coastal town of Ostende, Dani Umpi set out to rewrite Where There’s Love There’s Hate, the novel by Silvina Ocampo and Bioy Casares. Umpi’s rewriting is reminiscent of the hand “scans” of worshipers who sweep their hands over the Old Testament as they read it. Essential to the act of reading is doing it out loud and guiding it by brushing your fingers over the words. Letters and their shapes have magical power.

He is so gentle and modest off stage, but so amazingly diva-like when, wig on head, he sings swinging his parangolé—a sort of collage of paper stiffened with packing tape to yield a fabric that is both cape and poncho. Umpi’s parangolés are unbelievably trashy, yet glamorous and bright.

One parangolé tradition looks back to Helio Oiticica and his sense of freedom in daily life, as total work that must act outside the restricted circuit of learned culture. It is believed that in Oiticica’s first drawing of a parangolé (1964), the object was a wig, a parangolé for the head. The parangolé not only has to dress and cover the body, but also to move, to be dance, to be samba. Umpi embraces the power of that cross-dressing in dancing work in an array of public spaces.

Now, Dani Umpi invites us to interact with parangolés hanging from the ceiling in an art gallery, a proposal that requires active viewers. The “avant-garde” is what has already happened; what matters is to do it again.

Curated / Text by Gachi Hasper
Installation design: Osías Yanov

http://hachegaleria.com/

Dani Umpi, Maldito Duende. Curaduría: Gachi Hasper. Diseño de montaje: Osías Yanov. Imagen cortesía de Hache Galería, Buenos Aires, Argentina, 2017. Fotografía: Ignacio Iasparra.

Dani Umpi, Maldito Duende. Curaduría: Gachi Hasper. Diseño de montaje: Osías Yanov. Imagen cortesía de Hache Galería, Buenos Aires, Argentina, 2017. Fotografía: Ignacio Iasparra.

Dani Umpi, Maldito Duende. Curaduría: Gachi Hasper. Diseño de montaje: Osías Yanov. Imagen cortesía de Hache Galería, Buenos Aires, Argentina, 2017. Fotografía: Ignacio Iasparra.

¿Dani Umpi necesita un texto?

Dani Umpi me explica el porqué del título Maldito Duende: “es por una canción de los Héroes del Silencio que me gustaba mucho cuando era chico y que en los dos mil la versionó Raphael de manera sublime, producida por Carlos Jean. Al final tiene una frase muy de droga que dice te sientes tan fuerte que piensas que nadie te puede tocar. Esta es la esencia del duende: ser imbatible, arrasador, sin dueño.”

Umpi es un caníbal surrealista: desmembramiento, reescritura, extrema libertad. Cruza todos los límites pero logra mantener las autonomías: de la performance a la canción , del collage visual a la novela. Trafica textos desde los diferentes soportes. Pero la letra de la canción de Maldito Duende no está presente en ninguna obra de la muestra y la referencia ausente estimula.

¿Puede uno detenerse a observar y leer sus collages o debe aceptarse la totalidad de su obra en una única mirada? Pienso en la labor solitaria –escolar, femenina- de mirar revistas, descuartizarlas, sacar las letras y los plenos que están bajo ellas; recortar las fotos que retratan a los columnistas, y decenas de otras caras. Me interesa el instante posterior: cuando navega sobre ese infinito material grafico, desmembrado, y encuentra las piezas diferentes para reagrupar, asociar, acomodar, coser, pegar, dejar flequillos… Me recuerdo de Enrique Ahriman: la paciencia infinita para armar el rompecabezas de la gran pintura y en cierto modo la misma idea que toda forma visual es como un texto que puede ser manipulado, proyectado, compartido.

Hay probablemente un fundamento pop en utilizar como sustrato de obra a las revistas de consumo de clase media, la televisión y las redes; en ese enfrentar la cultura de consumo con la alta y el recurso de los signos repetidos. También hay una elección por una estética camp en la elección del folklore LGTB queer: ídolos, sitios de encuentro, expresiones y pasiones.

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Caras: cientos de fotos de retratos tipo carnet, superpuestos para que una foto tape la boca del retrato de otro; solo los ojitos mirándonos al revés.

Duendelatría 1, 2 y 3: circulitos, escuditos, precios, banners, estrellitas, formas brillantes, logos, etiqueta, marcas. Una acumulación caprichosa de formas y color que muestra su aplicación obsesiva.

Grinder Agosto; Grinder Julio: textos de capturas de pantalla de la app cuando los putos se presentan.

Manuela Trasobares: un discurso de la transexual, cantante de ópera y anarquista española en un programa de televisión catalana en los años noventa. El collage literario-visual obliga al espectador a una lectura compleja.

Por el contrario en Domingo Lockura; Bbebottes; Nos Atacan y La Reina de la NBA se presentan dos tipos de factura de los textos, uno escrito con collage de letras y otro escrito con marcador, ambos forman frases de difícil lectura, en parte inconexas, en contraposición con los textos mediáticos o políticos. Escribe sobre la base roja Coca-Cola textos totalmente random o el procedimiento inverso con las letras recortadas sobre los papeles rojos y luego la escritura con marcador.

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Hace más de diez años en el Viejo Hotel de Ostende, Dani Umpi se puso a reescribir Los que aman odian, la novela de Silvina Ocampo y Bioy Casares. La reescritura de Umpi recuerda el “escaneo” con la mano de los religiosos en la lectura del Antiguo Testamento. Tan importante en el acto de leer es hacerlo en voz alta como guiarlo tocando con el dedo las palabras. Las letras y sus formas tienen poder mágico.

Tan suave y humilde fuera del escenario e increíblemente reina diva cuando canta empelucado moviendo su propio parangolé, realizado como un collage de papel endurecido con cinta de embalar tornandolo como una tela que es, a la vez, capa y poncho. Los parangoles de Umpi son increiblementes trasheados y, sin embargo, glamorosos y brillantes.

Hay una herencia de los parangolé de Hélio Oiticica y su libertad en la vida cotidiana, como obra total que debe actuar fuera del circuito restringido de la cultura erudita. Se sostiene que el primer dibujo de un parangolé de Oiticica era una peluca, parangolé de cabeza, de 1964. Aparte de vestir y revestir el cuerpo, el parangolé tiene que moverse, ser baile, samba. Umpi asume la fuerza que tiene ese trasvertirse en obra danzante en espacios públicos diversos.

Ahora Dani Umpi invita a interactuar con los parangolés colgantes en una galería de arte, una propuesta que requiere de espectadores activos. La vanguardia es lo que ha ocurrido y lo que importa es volver a hacerlo.

Curaduría / Texto de Gachi Hasper
Diseño de montaje: Osías Yanov

http://hachegaleria.com/

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