Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Importa un pepino

Sofía Quirno

HACHE Buenos Aires, Argentina 05/09/2017 – 06/10/2017

Sofía Quirno. Importa un pepino, curaduría Guido Ignatti, Hache Galería, Buenos Aires, Argentina, 2017. Fotografía: Ignacio Iasparra

Sofía Quirno. Importa un pepino, curaduría Guido Ignatti, Hache Galería, Buenos Aires, Argentina, 2017. Fotografía: Ignacio Iasparra

Sofía Quirno. Importa un pepino, curaduría Guido Ignatti, Hache Galería, Buenos Aires, Argentina, 2017. Fotografía: Ignacio Iasparra

What place do people occupy in the life of a painting? Overcoming the ego- conflicts, overcoming introspective questions -which lead only to self-knowledge and sometimes to self-deception- overcoming the divan of painting; it may be time to ask what you can do for painting besides contemplating it. Understanding that life takes its course, even when we are not present, is one of the most intense experiences that can be traversed by the human being. All the things that happen in the material level remind us of the finitude of the flesh -and perhaps also that of the spirit. Painting is, among other things, the manifestation of that experience. The portrait and the landscape, the people and their surroundings, the eyeball and the desire to continue existing five minutes after the last breathe. How do we then stand before the image? Does it matter to anyone else what happens in this private act?

It matters whilst the passage from the private to the public continues to exist. The eternal dilemma of leaving the reflexive state to go to meet the other and engage in a dialogue with pure image, loudly. One of the great discussions that began in the late 60’s and continues today, although certainly in another way, is the incidence of the context in the manifestation of the work, and the possibility that it can project independently from and over the space that comes to occupy.

It is paradoxical that, in the global era of ultra-hybridized multiculturalism, globalization and the migrant artist, the concept of ‘studio artist’ is still important for Quirno. Studios are usually transitional spaces, disposable, nondescript, but, however, they are important not for what they are but for what they allow to be there, and only there. Power does not lie in its architecture, in its materiality, but in the potential capacity for extraordinary things to happen.

The work in the gallery seems to operate directly on the exhibition space, which is a site-specific, although somehow what it actually does is “to import” another site: the studio; a holy place of intimacy. Thus, a personal plot that surrounds us in a retinal experience that activates acts, gestures, and performance of contemplation supports pilgrim paintings.

Bruce Nauman says, “I had the impression, that everything I did when I was in the studio represented art, for example just walking around”. Quirno uses the everyday as a way of entering into a dialogue with the otherness that today seeks to amalgamate us in the global, and thus makes simple expressions, like “walking around”; transmit the more subtle forms of sensitivity.

Touring the exhibition space I wonder what you can do for painting. All this deployed materiality can be understood as an instant self-portrait of the author and why not, of which she looks. Painting as a reflection of our mortality, a mirror that explodes in the act of looking.

http://www.hachegaleria.com/

Sofía Quirno. Importa un pepino, curaduría Guido Ignatti, Hache Galería, Buenos Aires, Argentina, 2017. Fotografía: Ignacio Iasparra

Sofía Quirno. Importa un pepino, curaduría Guido Ignatti, Hache Galería, Buenos Aires, Argentina, 2017. Fotografía: Ignacio Iasparra

Sofía Quirno. Importa un pepino, curaduría Guido Ignatti, Hache Galería, Buenos Aires, Argentina, 2017. Fotografía: Ignacio Iasparra

¿Qué lugar ocupan las personas en la vida de una pintura? Superados los conflictos yoistas, superadas las preguntas introspectivas –que no conducen más que al autoconocimiento y a veces al autoengaño–, superado el diván de la pintura; puede que haya llegado el momento de preguntarse qué es lo que uno puede hacer por ella además de contemplarla. Comprender que la vida sigue su curso, aun cuando no estemos presentes, es una de las experiencias más intensas que puede atravesar el ser humano. Todas las cosas que transcurren en el plano material nos recuerdan la finitud de la carne –y quizá también la del espíritu–. La pintura es, entre otras cosas, la manifestación de esa vivencia. El retrato y el paisaje, la personas y su entorno, el glóbulo ocular y el deseo de seguir existiendo cinco minutos después del último aliento. ¿Cómo nos plantamos entonces ante la imagen? ¿Importa para alguien más lo que suceda en este acto privado?

Importa en tanto sigue existiendo el pasaje de lo privado a lo público. El eterno dilema de salir del estado reflexivo para ir al encuentro del otro y entablar un diálogo a pura imagen, a viva voz. Una de las grandes discusiones que se iniciaron a fines de los 60 y continúa hoy, aunque ciertamente de otro modo, es la incidencia del contexto en la manifestación de la obra, y la posibilidad de que esta logre proyectarse independiente desde y sobre el espacio que viene a ocupar. Resulta paradójico que, en la era global del multiculturalismo ultra-hibridado, la globalización y el artista migrante, para Quirno sea importante el concepto del estudio. Los talleres suelen ser hoy espacios transitorios, descartables, anodinos, pero, así y todo, revisten importancia no por lo que son sino por lo que permiten ser ahí, y sólo ahí. La potestad no radica en su arquitectura, en su materialidad, sino en la capacidad potencial de que cosas extraordinarias puedan suceder.

La obra presente en la galería parece operar directamente sobre el espacio de exhibición, lo que se dice un sitio específico, aunque de algún modo lo que en realidad hace es “importar” otro sitio: el taller. Santo lugar de intimidad. Así, las pinturas peregrinas son sostenidas por una trama personal que nos envuelve en una experiencia retiniana que activa los actos, los gestos, la performance de la contemplación.

Bruce Nauman dice: “Tuve la impresión, que todo lo que hice en el estudio pudo ser arte, por ejemplo, solo caminar por ahí”. Quirno utiliza lo cotidiano como una forma de entablar un diálogo con la otredad que hoy pretende amalgamarnos en la globalidad, y así logra que expresiones simples, como “caminar por ahí”, transmitan las formas más sutiles de sensibilidad.

Recorriendo esta sala me pregunto qué puede hacer uno por la pintura. Toda esta materialidad desplegada puede entenderse como un autorretrato instantáneo del autor y por qué no, del que mira. La pintura como reflejo de nuestra mortalidad, un espejo que estalla en el acto de mirar.

http://www.hachegaleria.com/

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Hiccup

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Abrakadabra

Painting is not an autistic activity