Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Húmedo

Santiago Lena

El Gran Vidrio Córdoba, Argentina 01/05/2018 – 03/23/2018

Santiago Leana. Vista de la exposición Húmedo en El Gran Vidrio, Córdoba, Argentina, 2018. Fotografía: Marcos Rostagno y Dan La Crema. Cortesía de El Gran Vidrio

Santiago Leana. Vista de la exposición Húmedo en El Gran Vidrio, Córdoba, Argentina, 2018. Fotografía: Marcos Rostagno y Dan La Crema. Cortesía de El Gran Vidrio

Santiago Leana. Vista de la exposición Húmedo en El Gran Vidrio, Córdoba, Argentina, 2018. Fotografía: Marcos Rostagno y Dan La Crema. Cortesía de El Gran Vidrio

¿Cómo imaginar, cómo representar el interior de la materia, su morfología, los huecos, las cavidades de lo pleno y lo vacío, denotar aquello de lo que somos origen, lo que nos ha tomado y nos toma, nos apresa? Ese ADN que portamos, donde está inscrita nuestra conformación como seres corpóreos, apenas puede contar algo que nos trascienda como tal. Santiago Lena en esta obra, dando el gesto, nos deja el lugar necesario para encontrar el misterio interno, íntimo que nos habita como cuerpos, la potencia que nos desnuda como materia inerte; nos acentúa las faltas en la finitud que nos acecha, hace danzar lo inmóvil frente a nosotros que respiramos para no ser desgraciados, por no ser infinitos,  nos ayuda a reflexionar hacia adentro. Unos pasos más allá, la simplicidad de las formas, la luz y el agua nos despierta, vamos descubriendo la versatilidad de lo que somos como origen. Allí  Lena nos emparenta como hombres, como humanos, vemos en la simpleza de su obra conjugar la genealogía y el arte, la química y la física, abre un campo visual a lo que, de algún modo, todos reconocemos llevar dentro: tierra, agua y luz, como las plantas. La obra en el conjunto habla de ello.

Lo orgánico

Un objeto ha nacido, comienza a vivir, porta el origen de casi todas las cosas, hay una obra que sobrevive a su creador. Samuel Beckett aludía a que la marca del artista en su obra está menos presente en lo que ha creado, que en su ausencia. Aquí los gestos que la precedieron han dado paso a la formación y la transformación de la materia, a ritmos y contra ritmos, a curvas que van serpenteando un recorrido que bien puede figurar el de nuestro cuerpo.

En esta instalación Lena trabajó en el espacio, dibujó con sus manos los cortes, las fisuras, socavó, removió y por sobre todo sembró, no sólo el resultado de lo que hoy se erige en la sala, sino también de lo que irá dando nueva vida, colores que la naturaleza va a pincelar a su antojo. Nos remite de una manera natural, fresca, honesta a la posibilidad transformadora del arte, de la vida. Su reflexión, que ha despertado recuerdos de su infancia, sostiene esperanza, compromiso y sensibilidad.

Los cuatro elementos

En la sala, en las obras, se deslizan, se expanden, como en una pieza de baile, la tierra, el agua, el aire y el fuego. La posibilidad de abstraerse a la propuesta del artista desaparece cuando nuestros sentidos primarios, primitivos, límpidos de toda cultura, se despiertan. Una memoria ancestral nos va llamando a recordarnos, a leernos sin palabras.

De esta manera SL nos lleva con sus obras a una experiencia sensorial que nos abre un camino hacia la emoción, hacia la posibilidad de servirnos de lo que alojamos dentro.

Cada pieza en esta habitación es una excavación de curvas, hendiduras reducidas a símbolos y sus diferentes alturas, su distribución en el lugar, la oscuridad, la luz y la humedad contenidas hacen vivir el espacio como una gran caverna.

La propuesta de SL puede ser leída, mirada, recorrida y vivida. Húmedo, materia sólida, arcilla y agua.

Adriana Carrizo

https://www.facebook.com/ElGranVidrioGaleriadeArte/

Santiago Leana. Vista de la exposición Húmedo en El Gran Vidrio, Córdoba, Argentina, 2018. Fotografía: Marcos Rostagno y Dan La Crema. Cortesía de El Gran Vidrio

Santiago Leana. Vista de la exposición Húmedo en El Gran Vidrio, Córdoba, Argentina, 2018. Fotografía: Marcos Rostagno y Dan La Crema. Cortesía de El Gran Vidrio

Santiago Leana. Vista de la exposición Húmedo en El Gran Vidrio, Córdoba, Argentina, 2018. Fotografía: Marcos Rostagno y Dan La Crema. Cortesía de El Gran Vidrio

¿Cómo imaginar, cómo representar el interior de la materia, su morfología, los huecos, las cavidades de lo pleno y lo vacío, denotar aquello de lo que somos origen, lo que nos ha tomado y nos toma, nos apresa? Ese ADN que portamos, donde está inscrita nuestra conformación como seres corpóreos, apenas puede contar algo que nos trascienda como tal. Santiago Lena en esta obra, dando el gesto, nos deja el lugar necesario para encontrar el misterio interno, íntimo que nos habita como cuerpos, la potencia que nos desnuda como materia inerte; nos acentúa las faltas en la finitud que nos acecha, hace danzar lo inmóvil frente a nosotros que respiramos para no ser desgraciados, por no ser infinitos,  nos ayuda a reflexionar hacia adentro. Unos pasos más allá, la simplicidad de las formas, la luz y el agua nos despierta, vamos descubriendo la versatilidad de lo que somos como origen. Allí  Lena nos emparenta como hombres, como humanos, vemos en la simpleza de su obra conjugar la genealogía y el arte, la química y la física, abre un campo visual a lo que, de algún modo, todos reconocemos llevar dentro: tierra, agua y luz, como las plantas. La obra en el conjunto habla de ello.

Lo orgánico

Un objeto ha nacido, comienza a vivir, porta el origen de casi todas las cosas, hay una obra que sobrevive a su creador. Samuel Beckett aludía a que la marca del artista en su obra está menos presente en lo que ha creado, que en su ausencia. Aquí los gestos que la precedieron han dado paso a la formación y la transformación de la materia, a ritmos y contra ritmos, a curvas que van serpenteando un recorrido que bien puede figurar el de nuestro cuerpo.

En esta instalación Lena trabajó en el espacio, dibujó con sus manos los cortes, las fisuras, socavó, removió y por sobre todo sembró, no sólo el resultado de lo que hoy se erige en la sala, sino también de lo que irá dando nueva vida, colores que la naturaleza va a pincelar a su antojo. Nos remite de una manera natural, fresca, honesta a la posibilidad transformadora del arte, de la vida. Su reflexión, que ha despertado recuerdos de su infancia, sostiene esperanza, compromiso y sensibilidad.

Los cuatro elementos

En la sala, en las obras, se deslizan, se expanden, como en una pieza de baile, la tierra, el agua, el aire y el fuego. La posibilidad de abstraerse a la propuesta del artista desaparece cuando nuestros sentidos primarios, primitivos, límpidos de toda cultura, se despiertan. Una memoria ancestral nos va llamando a recordarnos, a leernos sin palabras.

De esta manera SL nos lleva con sus obras a una experiencia sensorial que nos abre un camino hacia la emoción, hacia la posibilidad de servirnos de lo que alojamos dentro.

Cada pieza en esta habitación es una excavación de curvas, hendiduras reducidas a símbolos y sus diferentes alturas, su distribución en el lugar, la oscuridad, la luz y la humedad contenidas hacen vivir el espacio como una gran caverna.

La propuesta de SL puede ser leída, mirada, recorrida y vivida. Húmedo, materia sólida, arcilla y agua.

Adriana Carrizo

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