Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

El verdadero jardín nunca es verde

Nicola Constantino

Barro Buenos Aires, Argentina 11/05/2016 – 12/23/2016
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El verdadero jardín nunca es verde, vista de sala, 2016. Resina, fotografía e impresión sobre madera. Instalación de medidas variables. Cortesía de Barro Arte contemporáneo. Fotografía: Santiago Ortí.

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El verdadero jardín nunca es verde, vista de sala, 2016. Resina, fotografía e impresión sobre madera. Instalación de medidas variables. Cortesía de Barro Arte contemporáneo. Fotografía: Santiago Ortí.

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El verdadero jardín nunca es verde, vista de sala, 2016. Resina, fotografía e impresión sobre madera. Instalación de medidas variables. Cortesía de Barro Arte contemporáneo. Fotografía: Santiago Ortí.

The Garden of Early Delights is hailed as one of the most transcendent works in the history of art, and for me -in particular- it has always had a special relevance. Still —and even though I have referenced great classics before, I never dared do something related to this monumental painting by Hieronymus Bosch. Partly out of the deep respect it inspired in me, partly because I could not find a connection with my work that would lead my way into it.

That eagerly awaited connection finally came up when I imagined a group of androgynes with gas mask-like prosthetics based on the Trilogy of Mouths, a work I produced in 1997. In it, and from an opened human mouth out comes one of those pig snouts Hieronymus Bosch himself liked so well. And the snout in turn vomits a chicken’s neck. I felt those androgynes had the density and also the humor his characters had and I invited a group of young artists to embody them and to share the scene with me.

There are many other sets of characters. Some are played by me, in ways that so happen to keep my face covered somehow. Others were fabricated with plaster casts, which is almost a trademark of mine. I also introduced many birds and other mounted animals –a reminder of the early stages of my career– because they are dead, and still they try to convey a notion of life by imitating gestures that in the end can’t fool anyone. And I deployed them across an apocalyptic landscape, that of the Ischigualasto Moon Valley, in order to create a gigantic Cyclorama.

The first encounter with the exhibition comes from behind a fence of sorts; it is thus, almost an anti-exhibition. This Cyclorama is an enclosure that surrounds my grand operation as an artist which gives meaning to this whole work. That centerpiece consists in bringing to life something Hieronymus Bosch only painted as if it existed: the Fountain of Life, which is the center of my attention at The Garden of Early Delights.

The Fountain of Life must have presented itself to Hieronymus Bosch as a vision. It is so complicated a structure and also so monstrous -at a time animal and vegetal. And I wanted to rebuild it verily, but bearing the signs of the time elapsed and encircled by a strange landscape. As if the garden had died and in its place a sort of desert had appeared.

http://www.barro.cc/

Text: Nicola Costantino in conversation with Jorge Villacorta, October 2016
Courtesy of Barro, Buenos Aires

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El verdadero jardín nunca es verde, vista de sala, 2016. Resina, fotografía e impresión sobre madera. Instalación de medidas variables. Cortesía de Barro Arte contemporáneo. Fotografía: Santiago Ortí.

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El verdadero jardín nunca es verde, vista de sala, 2016. Resina, fotografía e impresión sobre madera. Instalación de medidas variables. Cortesía de Barro Arte contemporáneo. Fotografía: Santiago Ortí.

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El verdadero jardín nunca es verde, vista de sala, 2016. Resina, fotografía e impresión sobre madera. Instalación de medidas variables. Cortesía de Barro Arte contemporáneo. Fotografía: Santiago Ortí.

El jardín de las delicias es considerada una de las obras más trascendentes de la historia del arte, y para mí en particular ha tenido siempre una especial importancia. Pero —y a pesar de que he trabajado con referencias a grandes clásicos— nunca me atreví a hacer algo relacionado con esa pintura monumental de El Bosco; un poco por el profundo respeto que me inspiraba, y otro poco porque no encontraba una conexión con mi obra a través de la cual abrirme paso.

Esa conexión tan ansiada se dio, finalmente, cuando imaginé un grupo de andróginos con prótesis a modo de máscara antigas basadas en la Trilogía de Bocas, obra que hice en el 97, en la que del interior de una boca humana sale un hocico de cerdo (de esos que tanto le gustaban a El Bosco), que a su vez vomita un cogote de pollo. Sentí que esos andróginos tenían la densidad y también el humor que tienen sus personajes e invité a un grupo de artistas jóvenes a que los encarnaran y a que compartieran la escena conmigo.

Hay diferentes categorías de personajes, algunos interpretados por mí, donde casualmente siempre algo me tapa la cara y otros fabricados con calcos de yeso, un recurso muy mío. Incorporé muchas aves y otros animales embalsamados, práctica que recuerda los inicios de mi carrera; porque son reales, pero están muertos y aún así pretenden transmitir una sensación de vida imitando gestos que en el fondo no engañan a nadie. Y los fui desplegando sobre un paisaje apocalíptico, el Valle de la Luna, para montar un gigantesco Cyclorama.

El primer encuentro con la exposición es por detrás, un vallado; es casi una contra-exposición. Este Cyclorama es un cerco que encierra la que en este trabajo es mi gran operación como artista, traer a la realidad algo que El Bosco pintó como si existiera: la Fuente de la vida, que es mi foco de atención sobre El jardín de las delicias.

La Fuente de la vida tiene que habérsele presentado a El Bosco como una visión. Es tan compleja como estructura y también tan monstruosa, a la vez animal y vegetal. Y yo quise reconstruirla de manera verosímil, pero con los signos del paso del tiempo y circundada por un paisaje extraño, como si el jardín hubiera muerto y en su lugar hubiera una especie de desierto.

http://www.barro.cc/

Texto: Nicola Costantino en conversación con Jorge Villacorta, octubre 2016
Cortesía de Barro, Buenos Aires

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