Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

El tiempo dirá

Curated by Thomas Boutoux and Paola Santoscoy

Museo Experimento El Eco Mexico City, México 12/09/2016 – 02/26/2017
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Vista de sala principal. De izquierda a derecha: Boris Achour, News from Friends (André Caderé), 2016. Tarjeta postal / postcard; Katinka Bock, Smog, 2016. Bronce / bronze; Tatiana Trouvé, The Guardian, 2013. Bronce patinado, cobre, pintura / patinated bronze, cooper, paint; Boris Achour, Leftovers (Nora), 2016. Lámpara, poliestireno, cable / lamp, polystyrene, cable; Isabelle Cornaro, Reproductions, 2016. Pintura spray acrílica sobre muro / acrylic spray painting on wall; Camille Blatrix, Untitled (Soul/Cross), 2016. MDF, resina, plástico, pintura, plata esterlina, aluminio / MDF, resin, plastic, paint, sterling. Cortesía de Museo Experimental el Eco. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas. 

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Boris Achour, News from Friends (André Caderé), 2016. Tarjeta postal / postcard. Cortesía de Museo Experimental el Eco. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.

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Vista de instalación: (a la izquierda) Tatiana Trouvé, Refolding, 2013. Bronce patinado, metal, cuerda, madera / patinated bronze, metal, rope, wood; (al fondo) Katinka Bock, Population O, 2016. Cerámica, madera, bronce / ceramic, wood, bronze. Cortesía de Museo Experimental el Eco. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.

Artists: Boris Achour, Camille Blatrix, Katinka Bock, Isabelle Cornaro, Tatiana Trouvé, Lili Reynaud-Dewar and Raphaël Zarka

Winning a prize is an honor, a reward, a bliss. It is a feeling more than anything else. Even the attention it brings to the winner is a fugitive one. Prize-winners come and go, like seasons. An exhibition based on the history of a prize, the outstanding Ricard Prize, which was inaugurated in 1999, and since has distinguished an emerging artist on the young French art scene each year, invites us to think beyond the very logic of what a prize does, which is to single out a personae at a given time. Instead, it asks to consider what can be common, continuous, reiterative in a situation that the award of the Prize creates in the life and work of an artist.

Hence, this situation always happens midstream: it’s neither a starting nor an end point, but a time in a career, one both settled and unsettled, stabilized and troubled. Among the artists in the exhibition, Tatiana Trouvé was awarded the Ricard Prize some fifteen years ago, while Camille Blatrix is a much recent recipient, from 2014. This exhibition of seven of the artists who won the prize since its inception, calls attention to how artists, undistracted by competition for fame and prizes, develop a practice in the long run, maintain deliberate, conscious control, keeping to the plan, the subject, the gait and the direction of the work.

El Eco, here, wishes to highlight the long-standing support, and trust, of the Ricard Foundation for the artists who, once, have won the prize, knowing that what matters is as much what the work is as where it’s going. The exhibition Time Will Tell pays interest to how an artist life and practice and the works that it produces represent figures of adaptations, transitions, and transactions, in a world, especially today, with fewer and fewer assurances of futurity.

In many ways, El Eco itself is a space of adaptations, transitions and transactions. Conceived by the German artist Mathias Goeritz and the Mexican businessman Daniel Mont, Museo Experimental el Eco first opened in 1953 as a visionary project dedicated to show the art of its time. A museum with no collection, El Eco was itself an “experiment” of what Goeritz called Emotional Architecture: a direct criticism to Modern architecture articulated in a floor plan with almost no 90 degree angles. A project space of sorts, El Eco can be described as an inhabitable sculpture with an interdisciplinary spirit that followed Goeritz’s aesthetic and pedagogical ideas.

If the artists in Time Will Tell are grouped together and unified by the fact that they are all recipients of the Ricard Prize, the exhibition articulates richer connections between them, connections that have a more pliable logic. For most of them this is the first time that they are showing work in the country and all are either producing new pieces or attuning ongoing projects for the exhibition. Finally, and to the point, they share a temporality and a historicity that are revealed through the common exploration of a particular space. El Eco –a museum without a collection–, as Goeritz and Mont envisioned it, is a space where the experiential and the transitory are central to its conception, where flows and effects win over objects. In this sense, Time Will Tell focuses on the sensorial perception of this building and its spatial, social and aesthetic discourse, to allow the artworks to take place.

Thomas Boutoux & Paola Santoscoy

http://eleco.unam.mx/eleco/

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Vista de sala principal. De izquierda a derecha: Boris Achour, News from Friends (André Caderé), 2016. Tarjeta postal / postcard; Katinka Bock, Smog, 2016. Bronce / bronze; Tatiana Trouvé, The Guardian, 2013. Bronce patinado, cobre, pintura / patinated bronze, cooper, paint; Boris Achour, Leftovers (Nora), 2016. Lámpara, poliestireno, cable / lamp, polystyrene, cable; Isabelle Cornaro, Reproductions, 2016. Pintura spray acrílica sobre muro / acrylic spray painting on wall; Camille Blatrix, Untitled (Soul/Cross), 2016. MDF, resina, plástico, pintura, plata esterlina, aluminio / MDF, resin, plastic, paint, sterling. Cortesía de Museo Experimental el Eco. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.

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Boris Achour, News from Friends (André Caderé), 2016. Tarjeta postal / postcard. Cortesía de Museo Experimental el Eco. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.

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Vista de instalación: (a la izquierda) Tatiana Trouvé, Refolding, 2013. Bronce patinado, metal, cuerda, madera / patinated bronze, metal, rope, wood; (al fondo) Katinka Bock, Population O, 2016. Cerámica, madera, bronce / ceramic, wood, bronze. Cortesía de Museo Experimental el Eco. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.

Artistas: Boris Achour, Camille Blatrix, Katinka Bock, Isabelle Cornaro, Tatiana Trouvé, Lili Reynaud-Dewar y Raphaël Zarka

Ganar un premio es un honor, un reconocimiento, una dicha. Es, más que cualquier otra cosa, un sentimiento. Incluso la atención que beneficia al ganador es fugitiva. Los ganadores de premios van y vienen, como las estaciones. Una exposición basada en la historia de un premio notable, como lo es el Premio Ricard, que se remonta a 1999 y desde entonces ha distinguido cada año a un joven francés de la escena del arte, nos invita a pensar más allá de la lógica misma de lo que un premio supone, que es distinguir a un personaje en un momento determinado. En vez de eso, nos pide considerar qué puede haber de común, continuo y reiterativo en la situación que crea el reconocimiento con este premio en la vida y obra del artista.

Así pues, esta situación siempre ocurre a medio camino: no es ni el punto de partida ni el de llegada de una carrera, sino un momento de ésta: que se encuentra tan establecida como inestable, tan estable como agitada. Entre los artistas de esta exposición, Tatiana Trouvé recibió el Premio Ricard hace unos quince años, mientras que el reconocimiento a Camille Blatrix es mucho más reciente, de 2014. Esta exhibición de siete de los artistas que han ganado el premio desde que fuera creado llama la atención sobre cómo ellos, sin distraerse en la competencia por la fama y los premios, perfeccionan una práctica en el largo plazo y mantienen un control deliberado y consciente para continuar con el plan, el tema, el paso y la dirección de su trabajo.

Mediante esta exhibición, El Eco desea destacar el apoyo de largo tiempo y la confianza de la Fundación Ricard a los artistas que ganaron alguna vez el premio, a sabiendas de que tan importante es dónde esté el trabajo en la actualidad como hacia dónde se dirige. La exposición El tiempo dirá presta atención a la manera en que la vida y la práctica de un artista, y las obras que produce, representan numerosas adaptaciones, transiciones y transacciones en un mundo que, en especial hoy día, tiene cada vez menos garantías de un futuro.

De muchas maneras, El Eco es en sí mismo un espacio de adaptaciones, transiciones y transacciones. Concebido por el artista alemán Mathias Goeritz y por el empresario mexicano Daniel Mont, el Museo Experimental el Eco abrió por primera vez sus puertas en 1953 como un proyecto visionario dedicado a mostrar el arte de su época. Como un museo sin colección, El Eco fue un “experimento” de lo que Goeritz denominó arquitectura emocional: una crítica directa a la arquitectura moderna articulada a partir de una planta que evade los ángulos de noventa grados. Una suerte de “espacio de proyectos”, El Eco puede describirse como una escultura habitable con un espíritu interdisciplinario que seguía el programa estético y pedagógico de Goeritz.

Si los artistas de El tiempo dirá se agrupan y unifican por el hecho de que todos han recibido el Premio Ricard, la exposición articula conexiones más ricas entre ellos, conexiones que tienen una lógica más maleable. Para la mayoría, es la primera vez que muestran su trabajo en el país y todos están produciendo ya sea nuevas piezas o bien afinando proyectos en curso para la exposición. Finalmente, y de manera puntual, comparten una temporalidad y una historicidad que se revelan en la exploración común de un espacio en particular. El Eco, tal y como lo concibieron Goeritz y Mont, es un espacio donde lo experimental y lo transitorio son aspectos centrales de su concepción, donde los flujos y los efectos tienen prioridad sobre los objetos. En este sentido, El tiempo dirá se enfoca en la percepción sensorial de su edificio y en su discurso espacial, social y estético, para permitir que las obras de arte sucedan.

Thomas Boutoux & Paola Santoscoy

http://eleco.unam.mx/eleco/

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