Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Des-armando mitologías fundacionales

Luis Salazar & Armando Ruiz

Carmen Araujo Arte Caracas, Venezuela 09/24/2017 – 10/22/2017

Luis Salazar, Sin título, De la Serie Liso y Corrugado, 2014. Papel glasé, tirro y grapas. 87,5 x 60,5 cm aprox. Cortesía: Carmen Araujo Arte. Crédito de la foto: Carmen Araujo Arte.

Armando Ruiz, La oficina de mi madre (las que silencian), 2013. Tapas de aluminio troqueladas. 210 x 230 cm aprox. Cortesía: Carmen Araujo Arte. Crédito de la foto: Carmen Araujo Arte.

Armando Ruiz, La oficina de mi madre (las que silencian) [detalle] , 2013. Tapas de aluminio troqueladas. 210 x 230 cm aprox. Cortesía: Carmen Araujo Arte. Crédito de la foto: Carmen Araujo Arte.

Teniendo como eje los procesos de re-significación y re-consideración propias de las artes visuales contemporáneas, esta exposición se propone establecer un encuentro dialéctico, un diálogo tenso, entre la obra de dos artistas: Luis Salazar y Armando Ruiz, quienes desde estrategias visuales distintas trabajan, crítica y reflexivamente, problemas concernientes a las narraciones fundacionales en el campo cultural y político. La obra de ambos artistas está marcada por lo múltiple, por la exploración de diversos dispositivos y materiales, y por examinar estos discursos constituyentes, estas mitologías fundacionales, en sus heterogeneidades, alterando sus definiciones, búsquedas y pretensiones, así como explorando los diversos tipos de violencia a partir de los que se imponen y establecen.

En esta ocasión el diálogo tenso se establece entre la obra de la serie La oficina de mi madre (las que silencian) de 2013, una instalación de 61 tapas de aluminio troqueladas que indagan en torno a las violentas e hirientes dinámicas sociales propias de la Venezuela revolucionaria, y unos collages de 2014 de Luis Salazar que tratan reflexivamente los ámbitos del “sobre-diseño” y la estetización de la realidad en el mundo contemporáneo. Dos mitologías fundacionales aparentemente lejanas, una de corte claramente político, otra específicamente estética, una que trata acerca de las condiciones que hacen posible una existencia humana digna y libre, otra que se adentra en los modos espectaculares que ha adquirido la idea de belleza en estos tiempos, en las escenografías “sobre-expresivas” que pueblan la cotidianidad. Mientras las “tapas de aluminio” usadas y deterioradas de Armando Ruiz conforman, gracias a la huella textual que las singulariza, un archivo que visibiliza, señala y cuestiona los efectos inmediatos del ejercicio despótico del poder y el desamparo al que éste conduce, en los collages de Luis Salazar se hace manifiesto el manierismo y la futilidad, el excedente, que caracteriza los ambientes contemporáneos y la relación que tenemos con los objetos, la preeminencia de las apariencias, la dictadura de las formas y su fuerza de sometimiento. Sin embargo, estos dos espacios reflexivos aparentemente contrarios concurren, coinciden, confluyen en una misma apuesta de exploración artística, esa que tiene que ver con hacer de la obra, del hecho artístico, un dispositivo crítico que atiende y medita sobre la cotidianidad y sus formas de vida.

El diálogo tenso, el encuentro dialéctico se genera desde esos singulares lugares en que, a pesar de sus visibles diferencias tanto técnicas como estéticas, ambas propuestas plásticas convergen y se topan. Ambas obras son “mosaicos” visuales en los que diversos fragmentos heterogéneos se constelan, conteniéndose y reflejándose unos a otros, regidos por un principio constructivo gracias al que se dinamiza la expansión significativa de la imagen. Ambas obras se presentan como condensaciones metafóricas y representaciones poéticas de determinadas configuraciones históricas, gracias a lo que el registro historiográfico se presenta como re-interpretación y re-consideración. En ambas tenemos una meditación acerca del riesgo, de la amenaza, del peligro en el mundo contemporáneo, y tenemos también una articulación de lo concreto y lo abstracto, de lo particular y lo general, del residuo y la significación, en una expansión ideativa que enfatiza el potencial relacional de la imagen, dislocando el transcurrir homogéneo de los discursos sobre los que trata. Pero, sobre todo, ambas obras, los collages y la instalación, se encuentran y establecen entre sí un dialogo tenso al activar una imagen compleja cuyo efecto es inducir una alternancia de impresiones y reflexiones en la que, cada fragmento (cada cita) es la inserción y la inscripción de lo disímil, por ello mismo es también la provocación de una transición de expectativas, la emergencia poética de un novum semántico.

Sandra Pinardi

http://www.carmenaraujoarte.com

Luis Salazar, Sin título, De la Serie Liso y Corrugado, 2014. Papel glasé, tirro y grapas. 87,5 x 60,5 cm aprox. Cortesía: Carmen Araujo Arte. Crédito de la foto: Carmen Araujo Arte.

Armando Ruiz, La oficina de mi madre (las que silencian), 2013. Tapas de aluminio troqueladas. 210 x 230 cm aprox. Cortesía: Carmen Araujo Arte. Crédito de la foto: Carmen Araujo Arte.

Armando Ruiz, La oficina de mi madre (las que silencian) [detalle] , 2013. Tapas de aluminio troqueladas. 210 x 230 cm aprox. Cortesía: Carmen Araujo Arte. Crédito de la foto: Carmen Araujo Arte.

Teniendo como eje los procesos de re-significación y re-consideración propias de las artes visuales contemporáneas, esta exposición se propone establecer un encuentro dialéctico, un diálogo tenso, entre la obra de dos artistas: Luis Salazar y Armando Ruiz, quienes desde estrategias visuales distintas trabajan, crítica y reflexivamente, problemas concernientes a las narraciones fundacionales en el campo cultural y político. La obra de ambos artistas está marcada por lo múltiple, por la exploración de diversos dispositivos y materiales, y por examinar estos discursos constituyentes, estas mitologías fundacionales, en sus heterogeneidades, alterando sus definiciones, búsquedas y pretensiones, así como explorando los diversos tipos de violencia a partir de los que se imponen y establecen.

En esta ocasión el diálogo tenso se establece entre la obra de la serie La oficina de mi madre (las que silencian) de 2013, una instalación de 61 tapas de aluminio troqueladas que indagan en torno a las violentas e hirientes dinámicas sociales propias de la Venezuela revolucionaria, y unos collages de 2014 de Luis Salazar que tratan reflexivamente los ámbitos del “sobre-diseño” y la estetización de la realidad en el mundo contemporáneo. Dos mitologías fundacionales aparentemente lejanas, una de corte claramente político, otra específicamente estética, una que trata acerca de las condiciones que hacen posible una existencia humana digna y libre, otra que se adentra en los modos espectaculares que ha adquirido la idea de belleza en estos tiempos, en las escenografías “sobre-expresivas” que pueblan la cotidianidad. Mientras las “tapas de aluminio” usadas y deterioradas de Armando Ruiz conforman, gracias a la huella textual que las singulariza, un archivo que visibiliza, señala y cuestiona los efectos inmediatos del ejercicio despótico del poder y el desamparo al que éste conduce, en los collages de Luis Salazar se hace manifiesto el manierismo y la futilidad, el excedente, que caracteriza los ambientes contemporáneos y la relación que tenemos con los objetos, la preeminencia de las apariencias, la dictadura de las formas y su fuerza de sometimiento. Sin embargo, estos dos espacios reflexivos aparentemente contrarios concurren, coinciden, confluyen en una misma apuesta de exploración artística, esa que tiene que ver con hacer de la obra, del hecho artístico, un dispositivo crítico que atiende y medita sobre la cotidianidad y sus formas de vida.

El diálogo tenso, el encuentro dialéctico se genera desde esos singulares lugares en que, a pesar de sus visibles diferencias tanto técnicas como estéticas, ambas propuestas plásticas convergen y se topan. Ambas obras son “mosaicos” visuales en los que diversos fragmentos heterogéneos se constelan, conteniéndose y reflejándose unos a otros, regidos por un principio constructivo gracias al que se dinamiza la expansión significativa de la imagen. Ambas obras se presentan como condensaciones metafóricas y representaciones poéticas de determinadas configuraciones históricas, gracias a lo que el registro historiográfico se presenta como re-interpretación y re-consideración. En ambas tenemos una meditación acerca del riesgo, de la amenaza, del peligro en el mundo contemporáneo, y tenemos también una articulación de lo concreto y lo abstracto, de lo particular y lo general, del residuo y la significación, en una expansión ideativa que enfatiza el potencial relacional de la imagen, dislocando el transcurrir homogéneo de los discursos sobre los que trata. Pero, sobre todo, ambas obras, los collages y la instalación, se encuentran y establecen entre sí un dialogo tenso al activar una imagen compleja cuyo efecto es inducir una alternancia de impresiones y reflexiones en la que, cada fragmento (cada cita) es la inserción y la inscripción de lo disímil, por ello mismo es también la provocación de una transición de expectativas, la emergencia poética de un novum semántico.

Sandra Pinardi

http://www.carmenaraujoarte.com

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