Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Ciudad perdida

Jaime Ávila

Nueveochenta Bogotá, Colombia 08/15/2015 – 09/10/2015

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Ciudad Perdida se compone de una serie de dibujos realizados con la ilusión tecnológica de un holograma manual sobre ciudades que se expanden sobre una ancestral geografía nocturna. Allí a la vez lo místico, lo profano y lo ilegal se mezclan en hilos y líneas que se vierten sobre la cordillera de los Andes.

La noche se convierte en un lugar misterioso donde las luces eléctricas vistas como fotografías aéreas, delatan a pesar de su belleza, la construcción tecnológica sobre la colonización de la naturaleza. Los nombres del paisaje cambian a ser propiedades privadas como expansión virtual de la ciudad: el Río Cauca podría llamarse el Río de Edison, La Sierra Nevada podría llamarse La Sierra Nevada de Escobar, la cordillera de los Andes podría llamarse la cordillera de Donald.

“La primera vez que escuché el nombre Ciudad Perdida fue en el colegio y siempre imaginé una ciudad exótica perdida en medio de la selva entre montañas y paisajes imposibles. La última vez escuché que Ciudad Perdida se llamaban los lugares clandestinos donde cultivaban marihuana entre las montañas del Cauca y que sus luces de cultivo los delataban en la noche. Estas ciudades perdidas son muy lejanas a la versión original de la Sierra Nevada, donde habitan indígenas desde el siglo VII hasta hoy en día y se resisten a desaparecer ante la fuerza de las civilizaciones”.

Jaime Ávila


El trabajo de Jaime Ávila se desarrolla a partir del interés en la ciudad y en la re/construcción de una geografía urbana que se articula desde el reconocimiento de las relaciones económicas que marcan la noción de propiedad. Su obra representa aspectos de un orden heterogéneo que propone otras descripciones del mapa, y en esa medida, diferentes maneras de entender y observar el territorio.

En Ciudad perdida (1), el artista continúa la investigación que lleva desarrollando desde el 94, cuando tuvo su primera exposición individual en la Galería Santa Fe. Para esa muestra, Ávila hizo un proyecto titulado No toque la mercancía, el cual hacía referencia al paisaje fragmentado, la cultura urbana y la ilegalidad en las calles. Ávila se interesó por los paisajes nocturnos aéreos y el contraste entre las construcciones lineales de las grandes ciudades y la estructura de montaña de la Cordillera de los Andes que caracteriza la geografía local.

Ciudad perdida es el trabajo más reciente de Ávila y se compone de una serie de dibujos en mediano y gran formato que simulan vistas aéreas de paisajes nocturnos. Cada una de las vistas está delimitada por una serie de estructuras de ordenamiento que se hacen visibles a través de la construcción de las ciudades. Las redes de luz eléctrica funcionan en estas ciudades imaginarias como líneas que marcan los límites de los territorios. Ávila hace referencia a la apropiación de la geografía y la expansión de las ciudades sobre el paisaje natural. El uso de la tecnología como herramienta para la privatización de la tierra se muestra también en los nombres de los paisajes, que adquieren una nueva denominación de acuerdo a sus propietarios. De esta manera el Océano Pacífico podría llamarse el Océano de Jonathan.

La expansión de las urbanizaciones convierte entonces la geografía en una extensión de la ciudad. La búsqueda de la ciudad perdida tiene lugar en el dibujo que diagrama un territorio mental, evidenciando en el mapa lugares legales y clandestinos que se camuflan entre la naturaleza durante el día.

(1) En Colombia, el término Ciudad perdida hace referencia a la ciudad de los Koguis, antiguo pueblo indígena construido alrededor de los siglos VII y VIII, y ubicado al sur de la Sierra Nevada de Santa Marta. En los últimos años, el Cauca ha sido escenario de cultivos de marihuana. De día estas zonas se ven como cualquier montaña del país pero en la noche, la zona parece un pesebre con luces resaltando en medio de la oscuridad. Las luces no son casualidad, son bombillos estratégicamente instalados en invernaderos para acelerar la producción de un tipo específico de marihuana.

Daniela Cortés

http://www.nueveochenta.com/

Texto: Jaime Ávila y Daniela Cortés
Fotografía: Ernesto Monsalve
Cortesía de Nueveochenta, Bogotá

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Ciudad Perdida se compone de una serie de dibujos realizados con la ilusión tecnológica de un holograma manual sobre ciudades que se expanden sobre una ancestral geografía nocturna. Allí a la vez lo místico, lo profano y lo ilegal se mezclan en hilos y líneas que se vierten sobre la cordillera de los Andes.

La noche se convierte en un lugar misterioso donde las luces eléctricas vistas como fotografías aéreas, delatan a pesar de su belleza, la construcción tecnológica sobre la colonización de la naturaleza. Los nombres del paisaje cambian a ser propiedades privadas como expansión virtual de la ciudad: el Río Cauca podría llamarse el Río de Edison, La Sierra Nevada podría llamarse La Sierra Nevada de Escobar, la cordillera de los Andes podría llamarse la cordillera de Donald.

“La primera vez que escuché el nombre Ciudad Perdida fue en el colegio y siempre imaginé una ciudad exótica perdida en medio de la selva entre montañas y paisajes imposibles. La última vez escuché que Ciudad Perdida se llamaban los lugares clandestinos donde cultivaban marihuana entre las montañas del Cauca y que sus luces de cultivo los delataban en la noche. Estas ciudades perdidas son muy lejanas a la versión original de la Sierra Nevada, donde habitan indígenas desde el siglo VII hasta hoy en día y se resisten a desaparecer ante la fuerza de las civilizaciones”.

Jaime Ávila


El trabajo de Jaime Ávila se desarrolla a partir del interés en la ciudad y en la re/construcción de una geografía urbana que se articula desde el reconocimiento de las relaciones económicas que marcan la noción de propiedad. Su obra representa aspectos de un orden heterogéneo que propone otras descripciones del mapa, y en esa medida, diferentes maneras de entender y observar el territorio.

En Ciudad perdida (1), el artista continúa la investigación que lleva desarrollando desde el 94, cuando tuvo su primera exposición individual en la Galería Santa Fe. Para esa muestra, Ávila hizo un proyecto titulado No toque la mercancía, el cual hacía referencia al paisaje fragmentado, la cultura urbana y la ilegalidad en las calles. Ávila se interesó por los paisajes nocturnos aéreos y el contraste entre las construcciones lineales de las grandes ciudades y la estructura de montaña de la Cordillera de los Andes que caracteriza la geografía local.

Ciudad perdida es el trabajo más reciente de Ávila y se compone de una serie de dibujos en mediano y gran formato que simulan vistas aéreas de paisajes nocturnos. Cada una de las vistas está delimitada por una serie de estructuras de ordenamiento que se hacen visibles a través de la construcción de las ciudades. Las redes de luz eléctrica funcionan en estas ciudades imaginarias como líneas que marcan los límites de los territorios. Ávila hace referencia a la apropiación de la geografía y la expansión de las ciudades sobre el paisaje natural. El uso de la tecnología como herramienta para la privatización de la tierra se muestra también en los nombres de los paisajes, que adquieren una nueva denominación de acuerdo a sus propietarios. De esta manera el Océano Pacífico podría llamarse el Océano de Jonathan.

La expansión de las urbanizaciones convierte entonces la geografía en una extensión de la ciudad. La búsqueda de la ciudad perdida tiene lugar en el dibujo que diagrama un territorio mental, evidenciando en el mapa lugares legales y clandestinos que se camuflan entre la naturaleza durante el día.

(1) En Colombia, el término Ciudad perdida hace referencia a la ciudad de los Koguis, antiguo pueblo indígena construido alrededor de los siglos VII y VIII, y ubicado al sur de la Sierra Nevada de Santa Marta. En los últimos años, el Cauca ha sido escenario de cultivos de marihuana. De día estas zonas se ven como cualquier montaña del país pero en la noche, la zona parece un pesebre con luces resaltando en medio de la oscuridad. Las luces no son casualidad, son bombillos estratégicamente instalados en invernaderos para acelerar la producción de un tipo específico de marihuana.

Daniela Cortés

http://www.nueveochenta.com/

Texto: Jaime Ávila y Daniela Cortés
Fotografía: Ernesto Monsalve
Cortesía de Nueveochenta, Bogotá

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