Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Capital Capital

Curada por Karla Kaplun y Wendy Cabrera Rubio

Galería Libertad Querétaro, México 01/11/2018 – 02/09/2018

Vista de la exhibición grupal Capital Capital, Galería Libertad, Querétaro, México, 2018. Cortesía de Galería Libertad

Vista de la exhibición grupal Capital Capital, Galería Libertad, Querétaro, México, 2018. Cortesía de Galería Libertad

Vista de la exhibición grupal Capital Capital, Galería Libertad, Querétaro, México, 2018. Cortesía de Galería Libertad

La postal de una ciudad está en el escaparate de una tienda de souvenirs. En ella aparece el monumento que se erigió al personaje que cambió, según la historia, el rumbo de la entidad. Al lado, dulces típicos, telas producidas por los originarios del pueblo. Al fondo, un póster promocionando una cabalgata quiada por la cascada.

Es innegable. Ningún lugar está libre de la mirada turística. El espacio cambia y se re-configura a favor del espectáculo. Los habitantes del pueblo se esfuerzan por continuar vendiendo a los nuevos viajeros su identidad digerida. Paradójicamente, la búsqueda perpetua del “carácter” de lo “auténtico” y lo “original” ha resultado en la sistematización del viaje turístico. La identidad se ha convertio en un producto más de la globalización de la economía neoliberal.  El proceso dinámico de la construcción de identidades se paraliza y construye estereotipos que. más que representar, excluyen. El sentido de pertenencia se ha vuelto cada vez más frágil.

Playeras, boinas, sarapes y sombreros. Llaveros. Comida típica en los centros comerciales. Un coco a la orilla del mar. All-inclusive. Las casas de los trabajadores de una mina, que tuvo auge en la Colonia, ahora se rentan para “vivir ahí, aunque sea por una noche”. Hoteles boutique en medio de la selva aseguran al visitante contacto de primera mano con la naturaleza —con la seguridad, lujo y confort necesarios. Ahora la identidad parece materializarse en objetos que validan la inversión del viaje.

Tanto para reactivar la economía, como para aparentemente demostrar progreso, la industria del turismo tiene más artistas de las que se aprecian a simple vista. Grandes corporaciones, gobiernos, compañías trasnacionales y movimientos sociales han visto un gran potencial en capitalizar (o mercantilizar) la identidad y, en consecuencia, la cultura.

En una era de muros, problemas migratorios, ultranacionalismo y empobrecimiento de las minorías, sólo es válido cruzar las fronteras se se va a consumir. Sólo una pequeña parte de la población —quienes portan pasaportes y visas— tiene derecho al movimiento trasnacional. La idealización del viaje turístico internacional hace distinción; inventa al viaje como imprescindible para un sector de la población, pero prohibitivo para otro.

Las plataformas Airbnb, Trip Advisor, Google Maps, etc. han mercantilizado el espacio común. La homologación voraz del espacio crea un pastiche de identidades, donde el presente deviene en caricatura del pasado. Lo que nos dicen que fuimos pasa a representarnos ante el resto del mundo. ¿Qué es lo contemporáneo, sino una caricatura de lo que nos dicen que fuimos/somos? ¿Hasta qué punto se agota el pasado idealizado?

Karla Kaplun y Carlos Aroyo Bautista

http://galerialibertad.mx/

Vista de la exhibición grupal Capital Capital, Galería Libertad, Querétaro, México, 2018. Cortesía de Galería Libertad

Vista de la exhibición grupal Capital Capital, Galería Libertad, Querétaro, México, 2018. Cortesía de Galería Libertad

Vista de la exhibición grupal Capital Capital, Galería Libertad, Querétaro, México, 2018. Cortesía de Galería Libertad

La postal de una ciudad está en el escaparate de una tienda de souvenirs. En ella aparece el monumento que se erigió al personaje que cambió, según la historia, el rumbo de la entidad. Al lado, dulces típicos, telas producidas por los originarios del pueblo. Al fondo, un póster promocionando una cabalgata quiada por la cascada.

Es innegable. Ningún lugar está libre de la mirada turística. El espacio cambia y se re-configura a favor del espectáculo. Los habitantes del pueblo se esfuerzan por continuar vendiendo a los nuevos viajeros su identidad digerida. Paradójicamente, la búsqueda perpetua del “carácter” de lo “auténtico” y lo “original” ha resultado en la sistematización del viaje turístico. La identidad se ha convertio en un producto más de la globalización de la economía neoliberal.  El proceso dinámico de la construcción de identidades se paraliza y construye estereotipos que. más que representar, excluyen. El sentido de pertenencia se ha vuelto cada vez más frágil.

Playeras, boinas, sarapes y sombreros. Llaveros. Comida típica en los centros comerciales. Un coco a la orilla del mar. All-inclusive. Las casas de los trabajadores de una mina, que tuvo auge en la Colonia, ahora se rentan para “vivir ahí, aunque sea por una noche”. Hoteles boutique en medio de la selva aseguran al visitante contacto de primera mano con la naturaleza —con la seguridad, lujo y confort necesarios. Ahora la identidad parece materializarse en objetos que validan la inversión del viaje.

Tanto para reactivar la economía, como para aparentemente demostrar progreso, la industria del turismo tiene más artistas de las que se aprecian a simple vista. Grandes corporaciones, gobiernos, compañías trasnacionales y movimientos sociales han visto un gran potencial en capitalizar (o mercantilizar) la identidad y, en consecuencia, la cultura.

En una era de muros, problemas migratorios, ultranacionalismo y empobrecimiento de las minorías, sólo es válido cruzar las fronteras se se va a consumir. Sólo una pequeña parte de la población —quienes portan pasaportes y visas— tiene derecho al movimiento trasnacional. La idealización del viaje turístico internacional hace distinción; inventa al viaje como imprescindible para un sector de la población, pero prohibitivo para otro.

Las plataformas Airbnb, Trip Advisor, Google Maps, etc. han mercantilizado el espacio común. La homologación voraz del espacio crea un pastiche de identidades, donde el presente deviene en caricatura del pasado. Lo que nos dicen que fuimos pasa a representarnos ante el resto del mundo. ¿Qué es lo contemporáneo, sino una caricatura de lo que nos dicen que fuimos/somos? ¿Hasta qué punto se agota el pasado idealizado?

Karla Kaplun y Carlos Aroyo Bautista

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